Es una escultura en mármol presumiblemente del siglo iii d. C., obra del escultor ateniense Glykon. Se trata de la más famosa copia de un perdido original en bronce atribuido a Lisipo, escultor del siglo iv a. C. Se encontró en 1546 en las Termas de Caracalla, en Roma y enseguida pasó a formar parte de la colección de escultura clásica del cardenal Alejandro Farnesio, nieto del papa Pablo III. Durante generaciones decoró el Palacio Farnesio, hasta que en 1787 fue trasladada a Nápoles, junto con toda la colección Farnesio, que se puede contemplar en el Museo Arqueológico Nacional.

 EL NACIMIENTO DE HERACLES

Muchos años más tarde, en Tirintos reinaban Alcmena y Anfitrión, descendientes de Perseo. Alcmena era una mujer bellísima y el propio Zeus deseaba enamorarla. Como ella era honesta y fiel, al dios se le ocurrió la más pícara de sus transformaciones. Cuando su marido tuvo que salir a combatir contra los tafios, Zeus se convirtió en una perfecta réplica de Anfitrión. Fingió que llegaba de la guerra con todo su ejército y ¿qué más podía hacer Alcmena que recibirlo con amor y admiración?

En el banquete, Zeus le relató a la princesa todos los detalles de las batallas en las que había participado el verdadero Anfitrión. Y por fin llegó la hora de acostarse. Tanto amaba Zeus a la bella Alcmena que decidió no permitir la llegada del día: setenta y dos horas duró esa noche interminable.

Al día siguiente llegó al palacio el verdadero Anfitrión. En lugar de recibirlo con entusiasmo, su esposa parecía extrañamente cansada y casi indiferente a sus caricias. Cuando comenzó con el relato de sus hazañas guerreras, Alcmena bostezó.

—Querido mío —le dijo—. Ya me lo contaste anoche. ¿Qué te parece si ahora vamos a dormir un poco?

Al principio, el odio de Anfitrión no tenía límites y estuvo a punto de matar a su inocente esposa. Poco a poco comprendió que ella no había tenido ninguna culpa y el mismo Zeus intervino para reconciliar a marido y mujer. Alcmena quedó embarazada de gemelos: uno era el hijo de Zeus y el otro era el hijo de su marido humano.

Pero la diosa Hera, legítima esposa de Zeus, era terriblemente celosa. Como no podía enfrentar a su todopoderoso marido, trataba de vengarse en las otras mujeres y en sus hijos. Zeus había prometido que el primer descendiente de Perseo que naciera sería rey de Argos. Hera, con ayuda de su hija, la diosa de los alumbramientos, consiguió que el nacimiento de los mellizos se retrasase y en cambio hizo nacer sietemesino a uno de sus primos, Euristeo. Así fue como Euristeo le quitó al hijo de Zeus el poder sobre el reino de Argos, que le hubiera correspondido.

Después de nueve días de trabajo de parto, Alcmena pudo tener finalmente a sus dos bebés: primero nació Heracles (Hércules en la mitología romana), el hijo de Zeus, y poco después Ificles, el hijo de Anfitrión.

Los bebés tenían diez meses cuando Hera decidió librarse para siempre del maldito hijo de su enemiga y envió dos enormes serpientes, que se enroscaron en el cuerpo de los niños, apretándolos para triturarlos. Ificles se echó a llorar con desesperación. Pero Heracles tomó del cuello a cada una de las serpientes, como si fueran sus juguetes, y las estranguló con la sola fuerza de sus manitas de bebé. Cuando Anfitrión llegó a la habitación con la espada desenvainada, se encontró a los bebés jugando con los cuerpos de las enormes serpientes y sus últimas dudas se disiparon. Ese bebé era sin duda el hijo de un dios.

La leyenda del héroe comenzaba a forjarse.

📚 𝑫𝒊𝒐𝒔𝒆𝒔 𝒚 𝒉é𝒓𝒐𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒎𝒊𝒕𝒐𝒍𝒐𝒈í𝒂 𝒈𝒓𝒊𝒆𝒈𝒂.

✍️ 𝐀𝐧𝐚 𝐌𝐚𝐫í𝐚 𝐒𝐡𝐮𝐚

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